Llamé a una amiga. Ella me dijo, tengo un problema te llamo más tarde. Y más tarde llamó. Y me confesó algo íntimo. Una coincidencia demasiado coincidencia. ¿La tendría planeada el dichoso destino o es que la vida puede llegar a ser tan cruel y lacerantemente irónica? La escuché en buen estado de ánimo, demasiado coherente y clara a mi gusto. En fin que ella lo sabía. Ella sabía que las cosas probablemente no se lograrían. Ella sabía que la vida da giros, y más a los 40; sabía que nada es confiable, que la realidad llega directo a la cabeza como tonel de acero caído de inalcanzables rascacielos armados de idealizaciones, imitaciones y proyecciones estúpidas de nuestra individualidad. Así que ella lo sabía, lo tenía en la mira, muy al filo del precipicio sabía que… muy probablemente su deseo se vendría abajo.
No quiero amargar a nadie que lea esto, no quisiera entristecer a nadie. Pero estoy yo sola sentada frente a mi computadora. Mi hijo se fue con su padre, mi amiga soltera se fue al cine con su exnovio y mi familia se olvidó de invitarme al recalentado. Hoy es 25 de diciembre de 2011, por cierto, fecha en que se supone todo el mundo debería de estar acompañado, pero no es mi caso como pueden notarlo. Y no es nada nuevo ni vergonzoso por cierto, que mi familia no me haya invitado al recalentado, siempre me he considerado invisible para ellos, así que ya me acostumbré y, finalmente, fui yo la que siempre fomenté mi invisibilidad. La verdad es que muchas veces prefiero estar sola con mi perra, a pasar con ellos una tarde de comparaciones intrascendentes. Si el saco aquel era más bonito que el otro, si el cuerpo de tal hermana es más esbelto ahora, si el primo sigue siendo un fracasado, si la hermana continúa pidiendo dinero, si el hermano continúa queriendo a su mujer, cómo puede con esa vieja petulante… En fin, que prefiero estar aquí. Me soy más divertida.
Retomando… pues que se me ocurre hacer una llamada a mi amiga y que ella me dice, te llamo más tarde. Y entonces, después de unas horas, llamó. ¿Todo bien querida amiga? En mi caso, la llamaba para invitarla a suplir a una compañera que vacacionaría conmigo y junto con otra gran amiga, pero que nos canceló a última hora. Las cuentas ya estaban hechas y necesitamos a ese tercer tripulante ¿quieres venir?, le dije, tú serías fantástica compañera de viaje y vamos a la playa, calor, mar. Y ella entonces me lo dijo; me lo dijo literal y al grano: amiga, ayer tuve un aborto espontáneo, he pasado todo el día en el hospital, todo el 24 en la noche estuve sangrando, abortando, una hemorragia y sentí coágulos y cosas salir. El pobre de Arturo, chico gay a quien no bien conocía, que la invitó a pasar una semana en Cuernavaca justo a pasar la navidad pues ambos son de familias ya perdidas, se chutó el inesperado numerito. Ella, mi amiga, se acababa de embarazar de un hombre que no se atreve aún a decidir entre su esposa o mi amiga (o tal vez ya se decidió por la doble vida sin decir nada). En fin que ella, mi amiga, se había embarazado de él y tenía ilusión cuando le confesó a este hombre de doble vida lo que había pasado; y él puso los ojos perdidos, se aterró y se evadió cuanto pudo hasta que entonces se atrevió a decirle a mi amiga que él no lo quería, que no quería a ese bebé y le dijo así literal y al grano: yo no lo quiero pero te apoyo en todo. Rara respuesta, indecisa, egoísta, sin embargo parecía responsable, como tal vez sea la incongruente alma de este hombre de doble vida. Finalmente era una hiriente respuesta. Y así ella dijo: pues yo lo haré. Y lo hizo: continuar el embarazo. Sin tener expectativas, sin caer en la estupidez de la ilusión amorosa ella dijo: es probable que tenga este deseo y que por eso esté aquí. Esto me lo dijo hace unos dos meses, cuando no sabiendo a qué café o restaurante ir para actualizar nuestras vidas, terminamos en una elegante cantina que se nos cruzó y tomando juguito de durazno ella me lo dijo: voy a hacerlo amiga. Su mirada, no la voy a olvidar, era la de una mujer, pero también la de un animal hermoso, una hembra vulnerable que sabe que puede ser su última oportunidad para experimentar eso que dicen que es el amor incondicional, el amor por cuidar, por arropar, por alimentar, eso que se supone es la verdadera realidad. Sin embargo, esa noche del 24, mientras todos festejaban el ajeno nacimiento del niño Jesús, mi amiga sufría un aborto.
Por supuesto necesitaba reposo y no pensaba acompañarme a mi viaje. Pero su noticia me impactó. Por una parte admiré su entereza. Por otra pensé en el desencanto de la adultez, en el peso de la realidad, en el abandono del buen destino, en lo paradójico del libre albedrío. No bien uno ha decidido algo llega el dios omnisciente a virar su dirección… ¿con motivo de qué, la idea es acaso lograr ver el infinito desde las distintas perspectivas y por eso en cuanto uno ha medio trazado un camino para encausar su infinitesimal vida, le jalan a uno el tapete para tropezar y volver a comenzar como en cualquier cliché de cuento sufí? ¡Bah! No entiendo nada. O un estúpido castigo al estilo cristiano, ¿la chica era una amante cuyo hijo sería un bastardo que no debía nacer? O una teoría biológica… pero mi madre tuvo hijos hasta los 47. Las mujeres ya no tienen hijos y si los tienen los tienen después de los treinta y cinco y eso si consiguen con quién y eso si no las abandonan a medio camino y eso… si ellas en verdad desean tal responsabilidad.
Como dije, no quiero amargar a nadie pues yo misma no siento amargura alguna. Al contrario, creo que disfruto estar aquí sentada sola con mi perra y mi computadora. Echando una ojeada al facebook sólo para saber que existe gente enajenada como yo y como cualquiera. Algunos, varios publican hasta diez posts en cuestión de minutos. Yo me escondo en mi invisibilidad. No estoy disponible. Cuando en realidad me encantaría estarlo… pero allá afuera, en esa vida inexistente para mi. Mi hijo, por ejemplo, está con su padre (de quien me divorcié hace 4 años), disfrutando de su inmensa, apegada y disfuncional familia paterna. Y mi hijo, que ya tiene casi siete, ya no me deja cargarlo y besarlo como cuando tenía tres. Otra: el hombre que me gustaba tantísimo tantísimo me rechazó hace unos días; y al hombre, al que yo le gustaba tanto tanto, lo rechacé también hace unos días. Por eso ahora sólo quisiera estar bajo ese sol, para que me arrope un tanto, para que me cuide y me alimente y fije mi calcio, como dicen que es el amor, como dicen que éste tendría que ser… La idea es que se adentre el sol en mis débiles huesos, que dé un poco de color a esta piel de tendencia pálida, que me saque alegres chispas en el cabello y que caliente mis friolentos pies. Esa es la idea, pues. Sin duda, esa es toda la idea.